Adultos
Dirigida a quienes acompañan a población adulta: casos de trauma y trauma complejo, sintomatología psicosomática y dificultades emocionales y relacionales, donde el vínculo terapéutico y la historia del paciente están en el centro del trabajo.
La supervisión se orienta, ante todo, a acompañar al profesional en la toma de decisiones clínicas, especialmente en los momentos en que el caso parece detenerse o resulta difícil saber cómo avanzar. Tras la evaluación, se trabaja en identificar los conflictos nucleares que sostienen el malestar del paciente —los que no siempre se muestran a simple vista— para orientar desde ahí el plan de intervención.
Se dedica una atención especial a la relación terapéutica y a lo que ocurre en ella: cómo comprender y abordar las defensas y resistencias del paciente sin forzarlas, qué hay detrás de los bucles reivindicativos y cómo salir de ellos, y cómo reconocer e intervenir en la disociación.
A partir de esa comprensión, el reprocesamiento traumático con EMDR ocupa un lugar central: cuándo y cómo abordar los recuerdos traumáticos, qué hacer cuando el procesamiento se bloquea y cómo adaptar la intervención cuando el trauma es complejo.
También se mira lo que el caso despierta en el propio terapeuta, su contratransferencia y sus puntos de bloqueo, cuidando tanto la calidad de la intervención como el bienestar del profesional.